7 de octubre de 2017

[Hasta el día de ayer] Capítulo XIV: «Carreras»

El sábado llegó en un abrir y cerrar de ojos. Las tardes limpiando el gimnasio resultaron lo más tedioso de la semana, no por el hecho de tener que dejarlo reluciente, sino por la compañía. El silencio era lo más agradable de todo. Además, ¿qué iba a estar hablando con aquel? Absolutamente nada, creer que Kevin y Brian tenían alguna especie de relación de amistad, completamente ilógico. Aunque él no sabía lo que pasó, ni tampoco que el maldito fuera el asesino de Derek. Suspiré, ni Chris ni yo logramos averiguar algo nuevo en estos días.
Kevin seguía ignorándome, ya me había dado por vencida, es decir, algún día se le pasaría, o por lo menos eso esperaba. Por ahora la casa estaba prácticamente desierta, los chicos fueron al entierro de Derek. A mí no me gustan esas cosas así que me quedé con Math, a él tampoco le agradaba
Aprovechamos nuestra soledad para hacer una limpieza general de todo el hogar. Como no me era suficiente con lo que hacía en la semana en el Instituto, tenía que realizar lo mismo en donde vivimos. Movimos todos los muebles, no quedó ninguno en su lugar, y quitamos todo el polvo que pudo reunirse. Terminamos agotados y con ganas de tirarnos a los sillones o las camas para descansar, pero no podíamos, aún nos quedaba por hacer.
—¿Qué hacemos? —pregunté cuando Math salía del baño, desde la puerta de la cocina—. No hay nada de comer y muero de hambre.
—¿Nada de nada? —interrogó frunciendo un poco su ceño.
—Hay cosas, pero ¡son dulces! —exclamé con frustración—. ¡Quiero almorzar! —Hice un puchero, mi hermano me miró divertido.
—Ya, deja el drama —sonrió con burla—. Vamos a comprar algo.
—Eres mi héroe, querido hermanito —dije apretujándolo con fuerza.
—Sí, sí, claro —respondió dándome pequeños golpecitos en mi cabeza.
Lo solté y comenzamos a caminar fuera de la casa, con rumbo a algún surtidor de víveres económicos.
Math sacó el dinero que Julián suele dejar escondido en su habitación para casos como estos, tenía bastante, mucho más de lo que pensábamos. Así que compramos algo de carne, arroz, pastas, verduras y varias otras cosas.
Llegamos a casa sin mayores problemas que cargar las bolsas y, al notar que la puerta continuaba con llave, dedujimos que los demás seguían en el cementerio. Ordenamos lo comprado y nos fuimos a mirar televisión, de seguro mi hermano no cocinaría y tampoco me dejaría hacerlo.
—Sigo con hambre —musité en su oído para molestarlo.
—Te compré unas papitas, ¿qué más querías? —preguntó quitándome de encima.
—Almorzar, te dije hace rato.
—Yo no cocinaré —se apresuró en decir, me crucé de brazos en el sillón junto a él—. ¿Qué?
—Quiero comer, yo hago algo, la última vez no me quedó tan mal —insistí, no podía ser tan exagerado.
—No quiero morir envenenado —dijo con burla, clavando sus ojos en mí.
—Morirás, pero ahorcado —agregué mientras me lanzaba sobre él para apretar su cuello.
—Enana fastidiosa —susurró tomando con fuerza mis muñecas—. También tengo hambre.
—Vamos a cocinar entre los dos —propuse al soltarlo.
—Está bien —contestó de mala gana poniéndose de pie—. Veamos qué sale.
Después de algunas peleas por lo que comeríamos, la suerte del piedra, papel o tijera dijo que pastas, así que manos a la obra.
Ya ni recordaba hace cuanto tiempo que no nos dejaban solos, a decir verdad, creo que nunca estuvimos así. Siempre fuimos tres, Nick faltaba dando sus toques de humor y molestando a Math. Suspiré y mi hermano clavó la vista en mí, hice lo mismo y me sonrió. A veces he llegado a pensar que somos gemelos. Continué picando la zanahoria, el estómago rugía con fuerza.
El teléfono sonó, dejé todo tirado y me fui a responder. No es que me gustara mucho hacerlo, pero quería noticias de mis hermanos, y quizás había pasado algo por eso se tardaban tanto. Sí, soy exagerada.
—¿Diga? —pregunté al tomar el auricular.
—¡¡Thais!! —Tuve que alejar un poco el aparato de mi oído, ya que el grito de mi amiga por poco me deja sorda—. ¿Vas a estar en casa todo el día?
—Yo creo —contesté confusa—. ¿Por qué? ¿Vienes a mi casa? ¿Traen el PlayStation?
—Interesada —rezongó al otro lado—. Sí, iremos. En un rato. Math tiene que entregarle unas cosas a Tony y quería saber si estarías para quedarme contigo…
—Como si te aburrieras viendo lo que ellos hacen —la interrumpí, enredando mis dedos en el cordón telefónico.
—Bueno, no —respondió con una risita—. Pero siempre es mejor pasarlo a tu lado.
—Esto me suena raro —susurré frunciendo mi ceño—. ¿Qué es lo que quieres?
—Nada, nada —se apresuró en decir—. Simplemente hablarte, ¿acaso no puedo?
—Bien, bien —suspiré con cansancio—. Por aquí andaremos, vengan cuando quieran.
—¡En un rato más estoy por allá! —gritó para dar paso al tono ocupado.
Después de tantos años, ya ni vale la pena reclamar porque ni se despide. Dejé el aparato en su sitio y caminé a la cocina, donde Math ya tenía la pasta con la salsa. Quedaba por hacer el acompañamiento, de seguro sería otra mini pelea. Suerte de que no estuviera Julián, sino ya nos hubiera castigado.
Pero me llevé una gran sorpresa al ver que mi hermano se había adelantado y preparaba carne.
—¿Quién era? —interrogó sin voltear a mirarme. Me senté en el mueble.
—Ale —dije meciendo mis piernas.
—¿Qué quería? —consultó secando sus ojos a causa de la cebolla, reí por eso.
—Avisar que en un rato viene.
—¿A qué? —Sus lágrimas eran cada vez peores, tapé mi boca con mis manos para no reír tan fuerte.
—No estoy muy segura —respondí ocultando mi risa—. Dijo algo de Tony y tú.
—¡Ah!, los papeles.
—¿Cuáles? —pregunté confundida. Eso logró que olvidara mis burlas a mi hermano.
—Unos de la universidad. —Volvió a secar sus ojitos, sonreí nuevamente—. El otro día cuando fuimos a hacer investigaciones, el idiota no llevó nada donde guardarlos, con la excusa que andaba en auto. —Sonrió con burla y con lágrimas—. Olvidando que no puede ingresar a los salones con él. Es un idiota.
—Sí, eso ya lo sé —suspiré pensando en esas palabras que tanto usaba Nick para su amigo.
—¿Por qué crees que se tarden tanto? Es decir, es un entierro y todo, pero llevan allá mucho rato —dijo cambiando por completo el tema.
—No lo sé —musité deteniendo el movimiento de mis pies, al recordar el lugar donde se encontraban—. Quizás se atrasaron, tal vez la carroza no llegó a tiempo. ¡Vaya a saber, Math!
Mi hermano volteó por completo a mirarme, con el ceño fruncido para evitar las lágrimas. Lo observé directo a los ojos y me crucé de brazos.
—No te alteres —agregó con dureza—. Bien sabes que a mí tampoco me gustan esas cosas, pero no es necesario que te pongas a la defensiva con el simple hecho de nombrarlo.
—Es que…
—Nada —interrumpió casi con un grito, lo miré sorprendida—. Ya han pasado años, es hora que empieces a mirar hacia adelante. Él siempre estará contigo, como con todos los demás y en cada rincón de la casa. —Se detuvo por unos minutos, sentí sus palabras en lo profundo de mi ser—. Tienes un futuro por delante y muchas cosas aún por vivir. No es justo que sigas con eso dentro de ti.
No contesté, me limité a bajar la mirada. Math se giró y escuché el cuchillo, siguió preparando el almuerzo. Todo lo que había dicho era verdad, yo lo sabía y lo aceptaba, pero me costaba demasiado llevarlo a la práctica. No podía, los sentimientos y recuerdos de lo sucedido me sobrepasaban.
Me deslicé del mueble hasta quedar de pie. Avancé hasta mi hermano y lo abracé, dejando mi frente apoyada en su espalda. Él dejó de picar la cebolla y lo sentí suspirar.
—Aún no sé… —susurré suavemente—. Aún no sé cómo superarlo.
—No te estanques en el hecho que no lo tienes. —Su voz sonó más tranquila que antes—. Porque no es así, y tú lo sabes bien.
—Pero…
—Sigue adelante —sentenció sin dejarme terminar—. Es lo que a Nick le hubiera gustado. Él odiaba verte triste, y de seguro se enojaría bastante si ve que no haces nada por continuar tu camino. Tienes un mundo que conocer, otros chicos aparecerán…
—¡No quiero otros, lo quiero a él! —grité a la vez que varias lágrimas escaparon de mis ojos.
—Pequeña… —musitó con suavidad—, deja que pasen las cosas y no te encierres en la burbuja.
—Math… —pronuncié débilmente, tanto que por unos instantes creí que sólo yo me había escuchado.
Mas mi hermano continuó con lo que hacía, eso significaba que me dejaría pensar y que después me contestaría cualquier cosa. Lo abracé con fuerza, lo escuché sollozar, no supe si a causa de la cebolla o porque tenía pena por el tema que hablábamos. Esas palabras eran sólo de los dos, yo se las dije cuando el cayó en depresión luego de la muerte de mis padres, causándole un gran asombro que lo ayudó a levantarse. Nunca pensé que las usaría conmigo.
—Sabes que te adoro —agregué esbozando una pequeña sonrisa entre las lágrimas. Y pude imaginar su rostro creando una línea con sus labios, hacia arriba y algo torcida, mostrando que eso también lograba sacarle una sonrisa.
—Yo también, aunque seas una mensa —contestó al momento de dejar el cuchillo de lado. Había terminado con su trabajo.
—Idiota —susurré abrazándolo con fuerza y dejando todo rastro de mi llanto en su espalda.
—¿Ahora qué? No quiero esperar, tengo hambre —reclamó al caminar al lavaplatos, conmigo pegada.
—Tendrás que aguantarte —contesté con algo de risa—. No queda de otra.
—Julián es un tonto. —Se giró y me abrazó—. Debió dejar todo esto listo anoche.
—Abusivo… —alcancé a decir antes que el sonido de la puerta al abrirse nos interrumpiera.
—No escuché el auto…
Solté a mi hermano con rapidez y corrí a la entrada, pero Math me detuvo y pasó primero. Fruncí mi ceño, odiaba cuando hacía eso. Me apuré hasta alcanzarlo y jalarlo del brazo para así golpearlo, aunque no lo hice al ver que la puerta principal era azotada con fuerza, dando paso a mis hermanos.
Nos quedamos tranquilos al ver lo que ocurría, estáticos, completamente inmóviles. Kevin venía apoyado de Julián, con la cabeza mirando al suelo, dejando ver un poco de su rostro enojado. Mi hermano mostraba su ceño fruncido. Franco, más atrás, llegaba con el labio roto, mientras que Chris dejaba ver unas extrañas marcas en su cuello.
—Trae hielo. —La voz dura y ronca de Julián me hicieron salir del trance, e hice lo que pidió.
Si bien aquello no era nuevo, algo en mi interior provocaba que me preocupara. No creo que sea normal llegar golpeado después de un entierro, a pesar que los chicos fueran problemáticos, eso lo sabía de sobra y no lo negaba. Aunque conozco a mis hermanos, sé que por respeto a la madre de Derek no hubieran peleado, quizás pasó algo en el camino a casa. Meneé mi cabeza y me apuré con los hielos, los metí en un paño y volví con rapidez a la sala.
Math estaba sentado en una de las sillas del comedor, sobre la mesa descansaba el pequeño botiquín médico de Julián y, frente a mi hermano, Franco reclamaba por la brusquedad del menor limpiando la herida de su labio. Junto a ellos Chris hacía lo mismo, pero en su cuello.
Kevin, en cambio, se encontraba medio recostado en el sillón de tres cuerpos, el mayor de mis hermanos me señaló que fuera hacia ellos, obedecí inmediatamente.
—Kev es quien necesita del hielo —dijo con molestia en su voz, parado frente al malherido—, los otros dos idiotas están bien.
—Como ordenes —añadí mirándolo en busca de alguna herida.
—Yo estoy bien. —Sonrió al ver lo que pretendía—. Preocúpate de este menso.
Dio la media vuelta y caminó al baño.
Me agaché frente a mi amigo y dejé con suavidad el paño con hielo sobre su ojo derecho. También tenía un corte en el labio, más grande que el de Franco, pero la diferencia era que ya no sangraba, todo rastro del líquido rojo estaba seco. Y algunos pequeños rasguños se asomaban en sus mejillas.
—Si sigues así quedarás ciego —musité buscando sus ojos, a pesar que la probabilidad que me contestara era nula. Pero me sorprendí al ver que esbozó una pequeña sonrisa—. No entiendo la loca manía de lanzarse siempre a los ojos.
—Es para hacer diferencia de las mujeres —contestó con algo de burla—. Ustedes siempre se lanzan a jalar el cabello y los rasguños con las uñas…
—Y no olvides las cachetadas —interrumpió Chris desde la mesa.
—Y las patadas en las bolas —añadió Franco con algo de risa.
—Cuida tu vocabulario —regañó Julián al hacerse presente—. Si es que sabes lo que es eso. —Las risas de todos se hicieron audibles, incluso de quien era molestado—. Iré a preparar algo de comer.
—Nosotros ya lo hicimos —dijo Math apresurado—. Con la pequeña estuvimos trabajando todo este rato en la casa, y de paso cocinamos.
—Después preguntan por qué llueve tanto —continuó con sus burlas el mayor, al parecer, había disfrutado bastante el viaje.
—Oye, el payaso soy yo —se quejó Chris mirándolo con odio—. Será mejor que cambies tu postura, porque no me quiero quedar sin trabajo.
—Aprende a compartir. —Julián le guiñó un ojo y sonrió—. Entonces iré a preparar todo para que almorcemos, muero de hambre.
—Yo también —agregó Franco que se levantaba de la silla, ya había acabado con su curación.
—Igual yo —añadió el bufón tomando el lugar de mi hermano, en lo que ya parecía un centro médico.
—¿Qué fue lo que pasó? —pregunté en susurro a Kevin, éste hizo un gesto de dolor al presionarle los hielos.
—El idiota del amigo de Derek —contestó con antipatía y enojo—, ése que paga castigo contigo…
—Danko —interrumpí con asombro, sin notar que le hacía daño a mi amigo—. Lo siento —me disculpé al escuchar su gruñido.
—Ten más cuidado —reclamó frunciendo se ceño—, y sí, ese tipo. Creo que ya estuvo bien de hielo. —Lo miré incrédula por unos momentos, suspiré y le quité la cosa al ponerme de pie.
—Está bien —musité con algo de enojo al no dejarme hacer mi trabajo—. Voy por las cosas para curarte tus heridas.
Hizo un gesto con la mano, cerró los ojos y me dirigí a la cocina para botar los hielos. Allí Julián preparaba los platos y servía mientras silbaba alguna canción de Metallica, con su típico paño colgando de su hombro. Ninguno dijo algo en el poco tiempo que estuve en el lugar y volví a la sala.
—Sacaré algunos de estos —dije a Math al tomar unos trozos de algodón—. Y también un poco…
—¡No quiero alcohol! —gritó Kevin desde el sillón.
—Cobarde —susurró Chris que ya estaba listo.
—Deja de ponerte crema —ordené al ver la enorme capa que cubría sus rasguños en el cuello.
—Mientras más me ponga, más rápido se cura. —Sonrió triunfal.
—¿Quién te dijo esa estupidez? —Math sonó con burla.
—Mi adorado Franco —guiñó un ojo y se dejó caer junto al mencionado, en el sillón de tres cuerpos.
—Iré a ayudarle a Julián —suspiró el menor—, no vaya a ser que se me pegue lo idiota —recalcó lo último mirando a Chris y Franco.
—Es imposible que no te contagies —contestó mi otro hermano mirando la televisión—. Si yo soy así, la pequeña también y qué decir de Julián. —Volteó para observarnos con una sonrisa—, lo llevas en la sangre, no podrás arrancar de ello.
—A veces creo que eres adoptado. —Math desapareció por la puerta de la cocina, después de decir aquello.
—Yo también lo pienso —sentencié al sentarme en el suelo, frente a Kevin.
—No quiero alcohol —ordenó mirando mis manos y lo que había traído.
—Es sólo agua oxigenada, así limpio la herida. —Rodé mis ojos y él se acomodó para que empezara con las curaciones—. Mientras yo trabajo aquí, podrías terminar de contarme lo que sucedió.
—Ya no lo recuerdo —dijo con una sonrisa torcida—. Me golpearon duro en la…
Apreté mi puño izquierdo libre y, antes que terminara de hablar, golpeé con fuerza su pecho, por todo lo antipático de sus palabras. Sin duda el enojo de la semana ya había acabado.
—¡Auch! —gritó mirándome con molestia—. Eso duele… ¡Auch! —Volvió a gritar cuando comencé a pasar el algodón un poco brusco sobre su labio roto, quitando la sangre seca—. ¡Dijiste que era agua oxigenada!
—¡Ah, perdón, me equivoqué! —Sonreí satisfecha al llevar a cabo mi venganza por todos los días que duró su ley del hielo.
—Qué escandaloso eres, Kevin —añadió Franco con burla—. Pareces niña.
—Kevin es una nena, Kevin es una nena —comenzó a cantar Chris mirando la televisión.
El mencionado intentó levantarse, pero lo detuve de los hombros con fuerza, haciendo presión contra el sillón. Sí que fue un gran esfuerzo que no se pusiera de pie. Los chicos rieron con bastante burla. Kevin se retorcía en mis manos por querer zafarse.
—Sabes que no es verdad —aseguré para que se calmara—. Además las niñas somos más lindas e inteligentes, deberías sentirte orgulloso…
—Están poniendo a prueba mi hombría —dijo haciendo ademán de levantarse, con el entrecejo junto.
—Si me tengo que sentar sobre ti para que te quedes tranquilo, lo haré —sentencié tomándolo firme de los hombros, mientras me acomodaba a su lado en el sillón—. No seas idiota.
—A lo mejor quiere que te sientes sobre él —susurró Chris clavando su burlona mirada en nosotros.
—Ahora sí, de esta no te salvas. —A pesar de haber estado evitando una pelea, la de la amenaza fui yo, al dar unas zancadas hacia quien habló.
—Franco, sálvame. La pequeña quiere hacerme daño. —Se burló entre risas, mi hermano le siguió con las carcajadas.
En un abrir y cerrar de ojos, ya tenía entre mis manos su cuello. Aun así no había gesto de dolor en su rostro, sino que una gran sonrisa. Yo, en cambio, dibujé mi ceño fruncido para fastidiarlo más. Franco, prácticamente, rodaba de la risa, ya comenzaba a llorar de tantas carcajadas. Sentí los brazos de Kevin cruzar mi cintura para jalarme hacia él.
—Si alguno sigue con vida —interrumpió Julián al dejar unos platos sobre la mesa—, les informo que la comida está servida.
Y como si nunca hubiera pasado algo, detuvimos nuestro escándalo y caminamos a la mesa, donde Math ya había comenzado a comer sin siquiera esperarnos.
Si hay algo que Franco detesta, a pesar de amar las peleas, es hablar sobre ellas mientras come. Así que por respeto a él muy pocas veces se tratan estos temas cuando llenamos nuestro estómago, y esta ocasión no fue la excepción.
El almuerzo pasó entre risas, pequeñas discusiones y comentarios molestos, como siempre era y es en nuestro hogar. Espero que eso nunca se pierda. Una vez que terminamos, ayudé a Julián a recoger lo utilizado, él se encargaría del lavado y posterior secado a pesar que no le correspondía por calendario, sino que a Kevin, pero mi hermano, con su corazón de oro al verlo tan magullado, tomó su lugar.
—Y bien —dije al dejarme caer junto a Kevin en el sillón de dos cuerpos, mientras observaba sus heridas—. ¿Me contarás cómo terminaron así?
—Si no es mucha molestia —contestó guiñándome un ojo—. ¿Podrías limpiarme otra vez con alcohol el labio? Después que terminé de comer comenzó a dolerme bastante, no quiero que se hinche.
—Como digas —suspiré con cansancio a las evasivas de mi pregunta—. Voy por las cosas.
—De paso podrías ponerte un sexy traje de enfermera. —Sonrió Chris antes de que pasara por detrás del sillón donde se encontraba. Apreté mis puños—. Así nos deleitas a todos.
Si bien le tenía bastante paciencia a los comentarios del bufón, ya no estaba. Al pasar junto a su cabeza, apoyada en el respaldo del sillón, golpeé su frente con mi mano, tratando de que fuera fuerte, olvidando el cariño que le tengo. Volteó con el ceño fruncido sobándose el lugar, lo miré con una sonrisa y desaparecí por el pasillo.
Al llegar al baño comencé a buscar lo necesario para curar el labio de Kevin, quizás si se hubiera quedado quieto y sin gritos no tendría que pasar de nuevo por lo mismo, pero es un idiota que no entiende. Lo bueno era que lo haría sufrir nuevamente. Una sonrisa maliciosa se dibujó en mi rostro.
—Mejor vine —dijo Kevin al entrar, provocando que me asustara—. ¡Vaya!, cualquiera diría que estás pensando en cosas malas. —Sonrió.
—Soy demasiado buena para esas cosas —mentí al girarme con el algodón listo.
—Entonces, ¿por qué te sonrojas? —preguntó con burla.
—Porque me asustaste —contesté mirando el labio de mi amigo—. ¿Dónde te pondrás?
—Donde te salga más fácil.
—Quédate de pie, es más cómodo para mí.
—Como ordenes —musitó, imaginé que preparándose mentalmente.
—Mientras me cuentas qué sucedió. Y es una orden —sentencié aprovechándome de las palabras antes dichas por él.
Apoyé con suavidad el trozo de algodón sobre su labio y Kevin arrugó la nariz a causa del dolor. Sonreí, para eso sí que era cobarde. Apreté un poco más, para hacer una limpieza profunda, y sentí una de sus manos posarse en mi cintura, enterrando sus dedos en mí, aunque no tan fuerte. Moví un poco el algodón, iba a protestar pero no se lo permití, con rapidez dejé caer el algodón con que lo limpiaba, tomé su rostro con mis manos y comencé a soplar su herida.
—Estaba pensando en tu regalo de cumpleaños —susurró bastante bajo, y me di cuenta de la cercanía que había entre ambos al sentir su respiración sobre la mía.
Levanté mi mirada, que se encontraba posada sobre su labio, y lo miré a los ojos. Estos me observaban de una manera extraña, no podría decir qué era lo que expresaban, porque nunca antes lo había visto. Sentí mis mejillas comenzar a arder y me di cuenta de que ya no estaba soplando, además que ambas manos de Kevin estaban en mi cintura.
—Queda poco y… —habló en el mismo tono suave de voz, la comisura de mis labios tembló a causa de ello—. Me gustaría darte… —Sin darme cuenta tenía la punta de mi nariz junto a la de Kevin—. Algo que no olvides. —Cerré mis ojos y entreabrí mi boca, esperando tener esos labios sobre los míos.
La puerta se abrió de golpe, ambos nos soltamos instantáneamente. Kevin se alejó unos pasos atrás.
—¡Oh! Lamento interrumpir. —Math aguantó una risita—. Pero pueden seguir, tienen mi permiso. —Nos guiñó un ojo y comenzó a cerrar la puerta.
—Espera. —Kevin lo detuvo, mi hermano volvió a entrar—. Iremos a la sala para que la pequeña termine si tienes que usar el baño.
—Está bien —suspiró el menor—. Me arrepentiré de lo que hice por toda mi vida.
Tanto Kevin como yo, lo miramos con el ceño fruncido.
El trigueño salió, rumbo al sillón, llevando consigo un poco de algodón mientras yo sacaba la crema y tomaba el alcohol. Math me miraba y sonreía con burla.
—Ya pareces jaiba de lo colorada que estás. —Fue lo último que dijo antes de cerrar la puerta tras de sí. Fruncí mi ceño y, por unos segundos, lo odié.
Eso había sido extraño y no lo comprendía, es decir, Kevin es mi cuñado, mi hermano, no podría sentir de esa manera por él. Quizás con cualquiera, menos con Kevin. En realidad, ni siquiera con cualquiera, únicamente Nick, se lo prometí y lo cumpliría costara lo que costase. Pero su respiración, sus ojos, sus labios… Meneé mi cabeza con brusquedad y me di cuenta que ya me encontraba en la sala y Chris me miraba extrañado.
—¿Te molesta una mosca, pequeña? —preguntó al volver sus ojos a la televisión.
—No, ¿por qué?
—Por como mueves la cabeza —contestó sonriendo por lo que veía—. Por poco y te la arrancas.
—¡Qué exagerado eres! —Franco golpeó el brazo de Chris, ya que se encontraba junto a él.
Sonreí por lo que pasó y me instalé en donde me encontraba hace unos instantes: en el suelo junto a Kevin para acabar con lo que hacía. No lo miré y sentí mis mejillas arder. Él había dejado el algodón junto al sillón, saqué un poco y comencé a limpiar para luego ponerle crema, sin decir nada, en completo silencio.
Al parecer sólo Kevin se percató de ello, ya que ni Franco ni Chris hicieron comentario alguno sobre mi estado de mudez, y es raro que no me molesten cuando pueden hacerlo. Mejor para mí.
—El chico empezó la pelea —dijo quien estaba acostado en el sillón, rompiendo el silencio entre ambos—, porque me acusó de ser amigo de quien mató a Derek.
Después de mucho rato, al fin hablaba de lo que me interesaba —y que había olvidado por lo ocurrido en el baño—. Levanté mis ojos y los clavé en los de él, ardían como fuego, otra vez. Aunque su mirada estaba perdida al frente.
—Amigos son los que se preocupan de uno, los que te ayudan, los que sufren contigo, los que siempre están ahí para darte una mano o para decirte que vas mal —continuó hablando con decisión—. Como Mark, como Derek, como Sam. Algunos chicos de las carreras, otros de por aquí, pero no esos —suspiró y prosiguió—. Quizás pueda hablar con algunos de ellos cuando voy a las carreras, para pedir información sobre algo que necesite mi auto, pero ¿amigos? Por supuesto que no, no lo deseo y no lo necesito. Realmente ese niñito es un idiota.
—No nos nombraste a nosotros —reclamó Chris sonando ofendido—. ¿Acaso no contamos? ¿Me estás dejando fuera? ¿Después de todos los años que te dediqué? ¿Así me pagas?
—Ya cállate —ordenó Kevin lanzándole un cojín. Ésa fue una buena idea, así el bufón se quedaría tranquilo por un rato. Terminé lo que hacía y me senté junto al herido que me dejaba un espacio para que me instalara.
—Serás menso, Chris. —Sonreí al ver que empezaba con sus pucheros—. Nosotros contamos como hermanos, ¿verdad? —Miré a Kevin, éste me observó, por unos segundos, con una expresión que no comprendí, luego bajó la mirada al suelo.
—Así es —asintió con voz suave—, todos son mis hermanos. —No supe por qué, pero aquellas palabras provocaron un dolor en mi pecho, a pesar que yo las había provocado—. Mientras nos dábamos golpes —siguió con el relato—, otros se metieron a separarnos, como es debido. —Sonrió de medio lado—. Entre ellos esos idiotas que tienes al frente. —Señaló con la cabeza a los dos chicos en el sillón—, y al final terminamos todos así como nos ves.
—Es realmente un imbécil —solté con molestia, Kevin fijó su vista en la mía con algo de sorpresa—. Se supone que Derek era como su hermano, e ir a armar semejante alboroto por algo que ni sabe, todo por unas especulaciones. ¿Acaso no pensó en la madre de Derek? ¿O sus hermanos? Simplemente es un imbécil de lo peor.
—Tranquila, pequeña —susurró con una pequeña sonrisa—. No guardes tanto odio, eso déjalo para nosotros, a ti no se te ve bien. —Me guiñó un ojo y comencé a sentir que la sangre se dirigía a mis mejillas.
No supe qué decir, pero por suerte el sonido del auto de Tony nos distrajo. Me levanté rápidamente para luego gritarle a Math que su amigo había llegado. Corrí a la puerta para recibir a Ale, aunque en el fondo sabía muy bien que era para arrancarme de Kevin.

* * * * *

Si había una cosa en la que Ale nunca se daría por vencida, era encontrarme novio. Por más que le dijera que me dejara en paz, que eso ya no sería posible en mi caso, seguía empecinada en que saliera con uno u otro chico. Y ése, precisamente, era el motivo principal que la llevaba a mi casa: invitarme a salir con ella, Tony y alguien como mi acompañante.
Por suerte para mí, Math y Tony se distrajeron bastante viendo y discutiendo las cosas de la universidad. Sentados en el comedor y siendo guiados por Julián. Chris y Franco continuaban mirando televisión, y de a ratos peleaban y se daban pequeños golpes, algo típico entre ellos. Kevin, en cambio, se fue a acostar a mi habitación, porque le dolía la cabeza.
—Así que el chico está completamente ensimismado en que Kev tiene algo que ver con la muerte de su amigo —dijo Ale, casi en susurro, cuando terminé de contarle por qué mis amigos estaban golpeados.
—Así es —contesté con un suspiro. Estábamos sentadas en el tejado de mi casa, al que se sube fácilmente por el árbol de atrás junto a la ventana de la cocina.
—Antes ya te había hecho una pequeña amenaza.
—Sí, pero nunca pensé que la cumpliría —musité mirando al frente y bajando la mirada—. Es decir, casi ni lo conozco…
—Y pensaste que sólo sería palabras al viento —interrumpió para terminar la frase.
—Exactamente —corroboré con una sonrisa por su adivinanza—. Ahora tengo que averiguar de dónde conoce Kevin a Brian y, más que cualquier cosa, qué se propone.
—Según lo que me contaste —añadió dándose golpes con su índice en labio inferior— ha de ser en las carreras…
—¡Las carreras! —exclamé casi en grito—. ¡Ale, eres un genio!
—A veces suelen decírmelo.
—Y tienes el ego muy alto también —bufé con molestia fingida, ella sonrió.
—¿Qué pasa con las carreras?
—Que allí están las respuestas que busco —contesté con felicidad.
—Pero hay un problema. —Me miró seriamente—, no tienes permiso para ir. Y aunque vaya con Tony, no sabré qué buscar.
—Por eso ni te preocupes, ya verás que a las carreras voy o voy —le guiñé un ojo.
—¡Ale! —gritó Tony, y logramos ver su silueta en el patio—. Ya terminé, ¿nos vamos?
—Está bien —respondió mi amiga y comenzamos a descender por el árbol.
Los despedí en la puerta de mi casa, cansados y fastidiados de intentar convencerme de salir con aquel chico. Pidieron ayuda a mis hermanos, pero lamentablemente ellos no se meten, esas decisiones son sólo mías.
Cuando el auto desapareció en la calle, entré rápidamente con Math, que seguía sentando a la mesa revisando los papeles. Julián se encontraba viendo televisión junto con Chris y Franco.
—¿Qué pasa? —preguntó cuando me vio agacharme frente a él.
—¿Kevin sigue dormido en mi habitación?
—No lo sé. —Sonrió de medio lado, eso me hizo sonrojar, él había visto lo que pasó en el baño—. Está en tu habitación, pero dormido, ni idea.
—¿Por qué no vas a ver? —consulté poniendo cara de inocencia, para tratar de convencerlo.
—¿Qué gano con eso?
—Mi eterno agradecimiento —respondí frunciendo mi ceño, todo tenía un precio.
—¿Por qué no vas tú? Eres la interesada.
—Contigo no se enoja —contesté haciendo un puchero—. No sé qué tienes, pero no se enoja.
—Contigo tampoco. —Me dirigió una mirada traviesa y pícara.
—Bien sabes que eso no es verdad —reclamé elevando un poco mi voz, sin darme cuenta—. Apenas me está hablando.
—Bien, bien. —Se puso de pie—. Si así me dejas de molestar, vamos a ver si sigue durmiendo.
Me levanté y salté a sus brazos para besarle la mejilla. Él simplemente suspiró cansado y comenzó a caminar conmigo, casi colgando de su cuello.
Abrió con suavidad la puerta de mi habitación y miró al interior. Hizo un movimiento con su mano y cara, indicando que el chico se encontraba despierto. Entré con cuidado, cerrando tras de mí y avancé hasta mi cama. Kevin había cerrado las cortinas, todo estaba apenas iluminado, me senté en el suelo y lo vi dormir, Math me mintió.
—¿Qué pasa, pequeña? —preguntó con los ojos cerrados.
—Pensé que dormías… No importa, ya sé que quiero para mi cumpleaños —susurré algo emocionada.
—Los regalos no se piden. —Sonrió de medio lado—, se espera a ver qué te darán.
—Bien, pero yo quiero pedirte uno —fruncí mi ceño.
—Está bien, ¿qué quieres?
—Ir a las carreras. —El chico se sentó de golpe y me miró confundido.
—¿Estás loca? —Casi gritó—. Julián me mataría si te llevo…
—¿Por qué tanto? Son sólo autos corriendo.
—No es eso —contestó pasando su mano por su cabello—, es la gente que está allí. Bien sabes que Julián te protege demasiado y…
—¿Y qué? —reproché sin dejarlo terminar, cruzándome de brazos—. Es un día, me llevas, damos una ojeada y listo.
—¿Qué es lo que intentas averiguar? —En ocasiones odiaba que me conocería tanto, pero no se lo demostraría, no hice gesto alguno.
—Como son las carreras —respondí con toda la tranquilidad del mundo, para que así me creyera.
—Prométeme una cosa y te llevo. —Sonrió de medio lado y con malicia.
—Me cuidaré y estaré siempre a tu lado —me apresuré en decir haciendo el símbolo de promesa de boy scout.
—Es otra promesa, aparte de lo que dijiste, lo que necesito. —Por unos momentos su mirada de chico malo me asustó.
—¿Qué cosa?
—Que me dirás todo lo que tienes en mente.
—Está bien —murmuré de mala gana—. Pero primero necesito tener todo claro.
Se dejó caer de espaldas en mi cama con una sonrisa de satisfacción. Me levanté para dejarlo descansar.
—Entonces el sábado te llevaré a la feria —habló con los ojos cerrados al poner sus manos en la nuca—. Y no me hagas mentirle a Julián, que sea la primera y última vez.
—Como digas. —Lo miré acostado en mi cama—. De todas maneras no me gusta mentirle, pero hay cosas que no entiende.
—Igual que todos —dijo con un suspiro de cansancio.
—Me voy para que sigas descansando.
Comencé a caminar hasta la puerta para dirigirme a la sala, tenía muchas cosas que pensar, y sólo una semana para que llegara el esperado día en que al fin asistiría a las carreras. Si bien me emocionaba aquello, debía disimularlo por mis hermanos, si ellos se daban cuenta de mis planes, todo se iría lejos y sin ninguna posibilidad de retomarlo. Suspiré, a veces la vida de detective es bastante molesta.

* * * * *

Los días comenzaron a pasar con monotonía y lentitud. La limpieza del gimnasio siguió, pude ver a Danko con la cara magullada, si Kevin había quedado así de roto, era lógico que este chico quedara peor. Kevin es así, Julián siempre lo había dicho, era un animal en las peleas y no se detenía por nada. Y como tenía planeado, ignoré por completo a mi compañero de castigo, y él tampoco hizo el esfuerzo por dirigirme palabras.
Por otro lado lo sucedido en el baño con Kevin seguía latente y presente, y cada vez que lo recordaba mis mejillas ardían. De aquello sólo sabía Math, porque nos vio, aun así le hubiera contado, él es mi diario de vida personal y que además da concejos. No se puede pedir algo mejor.
Aún no entendía muy bien qué fue lo que me pasó en aquel instante, la cercanía, su respiración, sus ojos, sus labios… todo se volvió adictivo de un momento a otro, y sin saber cómo, deseaba que me besara. Pero, ¿él también lo quería? No lo sé, Kevin comenzó a acercarse y a hablarme de esa manera, no fui la culpable, aunque estuve a punto de romper mi promesa. ¿Qué hubiera pasado si nuestros labios se rosaran? No me lo perdonaría, es mi cuñado, Nick su hermano y es como engañarlo de la peor de las formas. No puedo sentir algo más allá por Kevin, es imposible…
—Así que irás el sábado con Kev a la feria. —Julián dejó ver su rostro por el tejado. Me encontraba sentada allí y él estaba encaramado en el árbol.
—¿Ah? Sí —respondí al salir de mi ensoñación.
—¿Qué es lo que te pasa estos días? —Me miró con confusión.
—Nada que yo sepa —contesté sonriéndole.
—Tiene que ver el motivo con que el sábado estarás un año más vieja. —Sonrió con notoria burla.
—Bien sabes que eso poco y nada me importa —dije mostrándole una enorme sonrisa.
—Entonces, ¿me dirás qué es lo que le pasa a mi pequeña hermanita? —preguntó terminando de subir y sentándose al lado mío, para abrazarme—. Ojalá este viejo tejado aguante mi peso.
—¿Crees que Nick me perdone si me enamoro de otro? —Esas palabras salieron sin mi consentimiento, Julián me observó con sorpresa.
—Creo que él estará más que feliz si llegas a enamorarte de otro.
—Pero…
—Sea quien sea. —La seriedad de mi hermano se hizo presente tanto en su voz, como en su mirada—, mientras no te haga daño, Nick estará contento. Si tú estás feliz, él también lo será. Al igual que para cualquiera de nosotros. Y por cierto, no creas que te dejaré salir con cualquier idiota, y si es uno de los tantos que dice Ale, deberá pasar por exámenes rigurosos.
—Que va, si lo conoces bastante bien —dije al pensar en Kevin. Tapé mi boca del asombro, Julián me miró divertido.
—Él sí tiene mi permiso. —Besó mi frente y comenzó a bajar por el árbol—. En un rato cenaremos.
Asentí con mi cabeza, no logré que saliera mi voz, me quedé en otro mundo por esos pensamientos que cruzaban mi mente. Meneé mi cabeza con fuerza, eso estaba mal, bastante mal. No me podía permitir seguir pensando de esa manera, y ya lo había decidido. Todo aquello que hiciera referencia a algo con Kevin, que no fuera amistad, quedaba prohibido desde ese preciso instante. Otra promesa que tenía que cumplir.

* * * * *

El tan esperado día al fin llegó. Mi ansiedad era tanta, que comencé a dar saltos de felicidad. Mis sentimientos eran dos, uno me hacía sentir feliz porque podría ir a las carreras, y el otro me angustiaba por lo que encontraría en ese lugar. Pero, de lo que estaba completamente segura, era de mi plan: debía averiguar la conexión que tenía Kevin con Brian, en el caso que la hubiera, no confiaba en las palabras de Danko, no después de lo sucedido.
Poco después de las ocho de la mañana, el auto arrancó con rumbo conocido y esperado. Math estuvo haciendo berrinches por acompañarnos durante toda la semana, desde que se enteró del regalo de cumpleaños que me daría Kevin, y mucho más cuando le conté a donde realmente iríamos. No sé cómo, en realidad, Julián lo convenció de no venir, aun así, se molestó bastante. Pero no siempre se tiene lo que se desea.
—Recuerda tu promesa —dijo el conductor al doblar en una calle. No recordaba con exactitud cuántas veces ya lo había dicho, pero yo seguía asintiendo con la cabeza.
El camino por donde avanzábamos estaba bastante deteriorado, en ocasiones era sólo tierra. Bien al fondo se lograban ver objetos brillar, supuse que eran los vidrios de los autos, ya que también vi muchas personas y espacios vacíos como para correr. Sonreí, no pude evitar sentirme feliz por estar allí.
Kevin se estacionó cerca del centro de todo eso, donde pude apreciar varios autos realmente hermosos, todos relucientes, algunos con sus motores encendidos y rugiendo bellísimo, y entendí por qué Kevin adoraba ir allí, es su mundo, su pasión.
—No te alejes de mi lado en ningún momento —sentenció tomando mi mentón para que lo mirara fijo, antes de descender del auto.
—Entendido —contesté haciendo la seña militar.
—Debo ir a dejar un dinero a un chico. No te muevas del auto —ordenó abriendo la puerta—. Puedes bajar, pero no te muevas de aquí.
—Ya, si entendí. No moverme si tú no estar. —Le sonreí con sarcasmo. Me miró con el ceño fruncido, sacó las llaves y salió.
Lo imité y cerré la puerta, apoyándome en ella para mirar con más detención, debía buscar mi objetivo y averiguar antes que Kevin decidiera que el paseo terminara. Conociéndolo, de seguro sería en unos pocos minutos.
—Ojalá no venga la tropa de conocidos de Julián —suspiró al pararse frente a mí—, sino estaremos en graves problemas. —Besó mi frente, se dio la media vuelta y caminó hasta que lo perdí de vista entre la muchedumbre.
Y después dicen que yo soy la exagerada. Suspiré y fijé mi vista en todo lo que tenía al frente, una especie de galería para que las personas se sentaran a mirar, una pista de línea recta que se perdía en el horizonte desértico, imaginé que al final se encontraba la marca que indicaba el lugar a donde debían llegar. Y los autos continuaban llamando mi atención más que cualquier cosa, a pesar de que tenía que buscar algo o alguien en específico. Los había de todos tamaños, marcas y colores, unos estaban tuneados, y otros tan simples como los hicieron de fábrica. Algunos nuevos, del año, y los clásicos, los más bellos de todos. Me quedé embobada mirando uno en particular, se parecía bastante al Chevrolet Impala que conduce Dean, pero de seguro aquel que veía era de otro año, tenía una que otra diferencia.
—¿Qué haces aquí? —Di un salto al sentir esa voz tras de mí, volteé rápidamente—. Dijiste que no te dejaban venir aquí.
—Danko —susurré bastante suave luego de salir del susto. Si había algo en que Kevin tenía razón, era en los conocidos de Julián, y por unos momentos pensé que alguno de ellos se encontraba en el lugar del chico—. Es primera vez que vengo y es por una ocasión especial. —Ni siquiera supe por qué le contesté.
Volví a clavar mi vista al frente, él se quedó en silencio junto a mí, apoyándose al igual que yo en el auto de Kevin, y no creo que a éste le agradara aquello. Continué buscando con la mirada, ignorando al recién llegado, hasta que lo vi. Sentí que el color se me fue del rostro, pero allí estaba, con una chica a la que tenía agarrada de la cintura, y quien era copiloto aquel día. Apreté mis puños con fuerza y fruncí mi ceño, debía darme valor para mi plan.
—Y allí, la prueba. —Miré a Danko por lo que había dicho, ya que no le entendí—. Tu hermano. —Hizo un gesto con los labios para que mirara hacia adelante—, junto al que mató a Derek. Irónico, ¿verdad? Pocos me creyeron cuando lo dije ese día en el cementerio, pero la prueba está frente a ti.
Abrí mi boca del asombro, aquello no podía ser cierto, Danko tenía razón, Kevin estaba junto a Brian y lo saludó con un apretón de manos. Pateé el suelo con fuerza, volteé y golpeé con mis puños el capot del auto. Decidida di la media vuelta y dejé a un atónico chico mirándome sin comprender absolutamente nada.
Las cosas se estaban volviendo cada vez más complicadas, Kevin apretando la mano de ése, no lo creería si no lo hubiera visto. ¡Es el asesino de Nick! ¡Maldición! No podía controlarme, quería volver a golpear algo y no sabía muy bien lo que hacía, pero esperé a que Kevin dejara solo al innombrable y avancé con decisión. Prometí a Math que me mantendría alejada si la cosa se volvía problemática, pero aquello no lo podría cumplir.
Pasé por atrás de un camión de remolque, y al salir lo perdí de vista. Apreté mis puños nuevamente y volví a patear el suelo. Pero mis ojos se abrieron de par en par cuando una mano tapó mi boca y un brazo me agarró por la cintura, jalándome en retroceso. El metal del camión me golpeó con fuerza al ser empujada de espalda a él, cerré mis ojos y emití un sonido de dolor. La mano en mi boca bajó hasta mi hombro derecho y la otra subió hasta el izquierdo. Lentamente abrí mis párpados, quise gritar, pero la fuerza que me presionaba era tanta, que no lo logré.
—¿Me buscabas? —preguntó y pude sentir su respiración sobre la mía.
—Brian Cox —susurré apretando mis puños y mirándolo con todo el odio que pude acumular.
—Ése soy yo. —Sonrió de medio lado—. Me alegra saber que no me has olvidado.
—Y cómo hacerlo, si formas parte de todas mis pesadillas. —Presionó con más fuerza, aguanté lo más que pude el dolor.

Al fin lo tenía al frente, era mi única oportunidad para acabar con todo de una buena vez. Lo siento Math, pero ya es seguro que no cumpliré con lo prometido.

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